De noche (2014)
I.
¿Intentas escribir tu locura?, ¿escribir tu dolor? Frotas las manos y miras sin mirar. Son tus ojos algo que se queda quieto, que pareciera sentirlo todo. Mirar nada. Son tus ojos algo que se queda quieto mientras la carne se desgarra. Quizás es porque ves a la muerte muy de cerca, la ves ahora. O quizás la miras a ella, en una página así: blanca.
Tras la ventana cae una gota. Sólo una gota. Lentamente. Nunca dejará de caer.
“Lloro pero de mis ojos no caen gotas”.
No me escuchas. No puedes verme ya. Esperas la noche para encerrarte en su silencio, para que la sombra disimule el color. No puedes soportar el color. Te aterra. Siempre lo miras desde la oscuridad. Las gotas no caen siempre azules, a veces también caen rojas, como las llamas de tus ojos.
Quizás la miras a ella.
¿La miras reír?
“¿Escribo con tinta roja? Necesito escribir con tinta roja para de verdad sentir lo que escribo. Para que cada trazo sugiera una herida”.
Quizás la miras a ella, en una página así: blanca.
Puedes navegar en las palabras si son sensaciones. Tienes que saber que cada letra será realmente tu dolor y tu llanto. Se volverá el nuestro, pero jamás dejará de lastimarte. El viaje que tanto anhelas será tu prisión. Una prisión lamentable, de dar pena.
No se ha desvanecido la risa. Hoy es una risa enferma. Quisiera decirte, por favor ten cuidado, pues en este instante las cortinas de tus ojos son cortinas de ceniza. Como si el fuego que apenas emerge ya lo hubiera consumido todo.
“Es como sentir el miedo en la piel. Es la náusea en la cabeza. Nunca la miré a los ojos. En realidad no podría soportar ese rostro. Sé que es mi dolor, mi despertar entre lágrimas. La noche es mucho más oscura ahora, mucho más profunda. La busco en esa oscuridad, aunque sé que me observa desde la ventana (igual que tú) que a mí sólo me ofrece mi reflejo. Me observa desde ese umbral, laberinto que no es ni afuera ni adentro, sino algo de afuera que se nos mete.
Me dejaste la soledad de una ciudad confusa
en que inventábamos una ilusión,
otra que actuara por ti.
El teatro se salió de nuestras manos,
pues estas manos sólo deberían ser mías.
Borraste tu nombre
con un abrazo
con dos ojos como espejos
con nuestras flores y el abismo”.
Ya no existen las fronteras en tu cuerpo. El contorno de nuestro mundo. Quedó la sangre, deseosa de ser figura. Quedó tu calma, niña de palabras, acompañada del vértigo de lo siniestro. Canciones que no entiendo cuando sumerjo mis manos en las heridas que ya no palpitan.
“¿Me estoy matando?”.
Cada figura tiene su reto.
Espera. Necesitas, necesito, necesitamos un cigarro, una risa que no tiemble.
Escribe, escribe que estás sola.
“Quisiera escribir con tinta roja pero tengo miedo”.
II.
“Escribo porque estoy sola.
Quisiera escribir con tinta roja pero tengo miedo.
Admiro a quienes se obsesionan por los ojos y no por la carne. Últimamente hay mucha gente extraña en esta ciudad. Y a veces creo ser yo la más extraña. Aunque siempre he vivido aquí, aunque los conozco a todos, aunque me conozco a mí”.
Todos, de alguna manera, cargamos con la culpa de la violencia.
“Comienzo a escribir porque no soporto más”.
¿Qué es lo que temes niña si al parecer eres feliz? ¿Qué pesadilla transformó tu risa? ¿Cómo es que ahora es tu enemiga?
“No fumaríamos nunca. Ese fue nuestro pacto. Casi veinte años más tarde ha perdido todo sentido. Porque la risa que me salva de su ausencia también me destruye. Rayo que cae del cielo; que marca mi rostro.
Quisiera escribir con tinta roja pero tengo miedo.
Escribir es aterrador cuando lo hago como un ritual. Cuando ruego, pido a gritos que me cure.
En el ritual, la palabra ojo me observa. Me desnuda y me observa”.
III.
¡Vámonos!
“Aún no estoy lista. Nunca jamás lo estaré.
Cuando era una niña pequeña me paseaba por el patio de la escuela. Buscaba tesoros abandonados en el césped, inspeccionaba cada detalle. Veía correr a los demás y buscaba sus ojos, sus miradas. Me enamoraba unas cuantas veces. Existen ojos tan bellos… Recuerdo que no tenía miedo, el mundo es mucho más fácil cuando en él se buscan y se inventan otros mundos”.
¡Vámonos fuera de toda esta gente, de todas estas voces…!
“Vamos. Al final quedamos nosotras, la soledad que está en nosotras”.
(Recuerda que estás sola. Recuerda que escribes tu soledad).